jueves, 26 de junio de 2008

Cosmética del enemigo

- A mí me importa un bledo. No creo en Dios, luego tampoco creo en el diablo.
- Yo creo en el enemigo. Las pruebas de la existencia de Dios son frágiles y bizantinas, las pruebas de su poder todavía son más inconsistentes. Las pruebas de la existencia del enemigo interior son enormes y las de su poder son abrumadoras. Creo en el enemigo porque todos los días y todas las noches se cruza en mi camino. El enemigo es aquel que, desde el interior, destruye lo que merece la pena. Es el que te muestra la decrepitud contenida en cada realidad. Es aquel que saca a la luz tu bajeza y la de tus amigos. Es aquel que, en un día perfecto, encontrará una excelente razón para que te tortures. Es aquel que te hará sentir asco de ti mismo. Es aquel que, cuando entreveas el rostro celestial de una desconocida, te revelará la muerte contenida en tanta belleza.

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- (...) Soy una persona extremadamente formalista. Actúo según una cosmética rigurosa y janseninsta.
- ¿Qué tienen que ver los productos de belleza con esta historia?
- La cosmética, ignorante, es la ciencia del orden universal, la suprema moral que determina el mundo. No es culpa mía si las esteticistas han recuperado esta admirable palabra. Hubiera resultado anticosmético presentarme ante usted y plantearle de golpe y porrazo sus opciones. Tenía que hacérselo vivir a través de un vértigo sagrado.

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- Extraña religión, la del yo. "Soy yo, sólo yo, nada más que yo. Soy yo, y, por tanto, no soy la silla sobre la que me siento, no soy el árbol que estoy mirando. Soy bien distinto del mundo, me limito a las fronteras de mi cuerpo y de mi mente. Soy yo, y, por tanto, no soy ese señor de ahí, sobre todo si ese señor resulta ser el asesino de mi mujer." Un credo singular.
- Singular, sí, literalmente.
- Me pergunto qué hace la gente como tú con el pensamiento. Debe resultarte molesto ese incontrolable flujo mental que puede meterse en la piel de cada uno. Y, sin embargo, este pensamiento también procede de ese pequeño yo. Se convierte en algo inquietante que amenaza tus barreras. Por suerte, la mayoría de las personas han encontrado un remedio para eso: no piensan. ¿Para qué iban a pensar? Dejan que lo hagan aquellos cuyo oficio consideran que consiste en pensar: los filósofos, los poetas. Es tanto más práctico por cuanto ni siquiera hay que tener en cuenta sus conclusiones. Así, por más que un espléndido filósofo de hace tres siglos dijera que el yo resulta odioso, o un extraordinario poeta del siglo pasado declarase que yo es otro: está bien, sirve para animar las charlas de salón, sin que eso afecte lo más mínimo a nuestra reconfortante certeza: yo soy yo, tú eres tú y cada uno en su casita.


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Cosmética del enemigo - Amélie Nothomb

3 comentarios:

Extraterrestra dijo...

una gran libro, si si si ^^
como todos los de amelie nothomb


tititititiitit

Haakjvork dijo...

Muahaha, te vas a pasar al lado oscuro, muahahaa, al lado Nothomb!!!

Yo voy hacia el lado de colorines xD.

Espero qeu te haya encantado y debores todos los de Nothomb!!! :P Yo sigo con Yotsuba y el Principito!

Si sabes lo que son los janseistas me lo tiense que explicar bien, xq no me acaban de quedar claros. ¿tenían q ver con Sto Tomás de Aquino o me lo setoy inventando?

Tenemos que hacerla como si fuese una obra de teatro. Nos turamos a Textor Texel y a Jerôme Angust !!! :P

Piensa, que es tu oficio! xP Por duplicado!

Textor Texel, es holandés ^^




Ayyy, unos cuantos abrazos!! Un puñao bien generoso!! Uno es poco! juus :$

Cuando acabes te dejo el resto de Nothomb que tengo, entre DVD's, canciones, cometas, fragmentos, playas, poemas... :P

polaroid girl dijo...

hacía mucho tiempo que no me leía un libro tan rápido como este!