sábado, 1 de diciembre de 2007

Trapecios

Un día, me hablarás de magos y trapecistas sobre un escenario demasiado viejo. Será un cuento de trucos tardíos.
Es fácil hacerme desaparecer, me dirás. Pero hace tiempo que no está permitido desaparecer. Hace tiempo que el olvido se devorará a si mismo, porque el truco está en saber devorarse a tiempo, dirás. El truco para qué, te preguntaré. Para que parezca que dominamos la realidad.
Yo me quedaré callada, y lentamente algo comenzará a hacerme cosquillas en los dedos.
Pero aquellos que creen dominar la realidad no conocen los juegos malabares, ni saben el secreto que esconden las chisteras más allá del abracadabra.
Porque escribir es como ser mago, solamente hay que crear las palabras adecuadas, después, el espectáculo seguirá, sólo si tienes las palabras mágicas correctas. Sólo si las capas y los sombreros de copa no se caen en ese instante hacia la arena, con el olor a salitre y lluvía preguntándonos cuál es ahora el truco. El truco para qué, preguntarás. El truco para que parezca que dominamos la irrealidad. Para que todas las canciones tengan sentido. Para que las palabras no se queden vacias. Para que inventemos la manera de llevar un vuelo bien disimulado. Para engañar al tiempo y a la distancia. Para burlar las leyes físicas y los asteroides con nombre de número. Para no olvidar que todo es ilusión, pero los ilusionistas saben que la magia está en los ojos del que mira.


Laura Febré Diciena

viernes, 30 de noviembre de 2007

Tic Tac


Ya lo sabes.
No sirve ni la función ni la disfunción
de cada uno de los mecanismos que diseñaste para tu vida;
es por el destiempo de sus pasos,
y aunque repitas que algún día aprenderás
a sincronizar relojes,
no es suficiente,
nunca fue suficiente.

Laura Febré Diciena

jueves, 18 de octubre de 2007

Ayer


Ayer fue miércoles toda la mañana.
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes,

la tristeza invadió los corazones
y hubo un claro
movimiento de pánico hacia los
tranvías
que llevan los bañistas hasta el río.

A eso de las siete cruzó el cielo
una lenta avioneta, y ni los niños
la miraron.
Se desató
el frío,
alguien salió a la calle con sombrero,
ayer,y todo el día
fue igual,
ya veis,
qué divertido,
ayer y siempre ayer y así hasta ahora,
continuamente andando por las calles
gente desconocida,
o bien dentro de casa merendando
pan y café con leche, ¡qué
alegría!

La noche vino pronto y se encendieron
amarillos y cálidos faroles,
y nadie pudo
impedir que al final amaneciese
el día de hoy tan parecido
pero
¡tan diferente en luces y en aroma!

Por eso mismo
porque es como os digo,
dejadme que os hable
de ayer, una vez más
de ayer: el día
incomparable que ya nadie nunca
volverá a ver jamás sobre la tierra.

Ángel González

miércoles, 17 de octubre de 2007

Y le pondremos el cucurucho de estrellas, que dijo Neruda, y la bata de mago al deshacedor del Universo.
Que nos devuelva la Risa, la Magia, el Asombro.


martes, 16 de octubre de 2007

Y en conclusión, señores, el poema
no nace del esfuerzo de hablar solo,
es la necesidad de estarle hablando
a una silla vacía.

Luis García Montero


viernes, 27 de julio de 2007

¿Capaz o incapaz?

Pero quizás no era más que cobardía, el deseo de no mirar para no tener que ver, el miedo a comprender lo que se ve cuando se mira.

Estaciones de paso - Almudena Grandes

lunes, 25 de junio de 2007

Las personas grandes II





-¿No es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es más serio y más importante que las sumas de un señor gordo y carmesí? ¿Y no es importante que yo conozca a una flor única en el mundo, que no existe en ninguna parte salvo en mi planeta, y que un corderito puede aniquilar una mañana, así, de un solo golpe, sin darse ceunta de lo que hace? Esto, ¿no es importante?

martes, 19 de junio de 2007

Las personas grandes I



-Qué haces allí?-interrogó el bebedor, ubicado silenciosamente entre una vasta colección de botellas llenas y otras vacías.

-Bebo-contestó el habitante algo lúgubre.

-Por qué lo haces?-preguntó el principito.

-Para olvidar-contestó el bebedor.

-Qué es lo que tratas de olvidar?-inquirió penosamente el principito.

-Que me siento avergonzado-confesó el bebedor inclinando hacia abajo la cabeza.

-Avergonzado de qué?-intentó averiguar el principito con el propósito de ayudarle.

-Avergonzado de beber!-concluyó el bebedor quedando definitivamente sumido en el silencio.

El principito se alejaba perplejo. Volvió a repetirse durante el viaje que las personas grandes son muy pero muy extrañas.

lunes, 11 de junio de 2007