Ya lo sabes.
No sirve ni la función ni la disfunción
de cada uno de los mecanismos que diseñaste para tu vida;
es por el destiempo de sus pasos,
y aunque repitas que algún día aprenderás
a sincronizar relojes,
no es suficiente,
nunca fue suficiente.
y demás correspondencia.


-Qué haces allí?-interrogó el bebedor, ubicado silenciosamente entre una vasta colección de botellas llenas y otras vacías.
-Bebo-contestó el habitante algo lúgubre.
-Por qué lo haces?-preguntó el principito.
-Para olvidar-contestó el bebedor.
-Qué es lo que tratas de olvidar?-inquirió penosamente el principito.
-Que me siento avergonzado-confesó el bebedor inclinando hacia abajo la cabeza.
-Avergonzado de qué?-intentó averiguar el principito con el propósito de ayudarle.
-Avergonzado de beber!-concluyó el bebedor quedando definitivamente sumido en el silencio.
El principito se alejaba perplejo. Volvió a repetirse durante el viaje que las personas grandes son muy pero muy extrañas.